Bonos de peluquería: cómo llevarlos sin perder la cuenta
Los bonos son de lo mejor que le puede pasar a un salón: cobro por adelantado y una clienta que vuelve. También son lo que más discusiones da cuando se llevan en una tarjeta de cartón.
Dónde se pierde la cuenta
- La clienta pierde la tarjeta, o se la deja en casa el día que viene.
- Viene a otra compañera, que no sabe que tiene un bono.
- Una cita se aplaza y no se vuelve a dar: ni se hizo ni se descontó.
El bono vive en la ficha de la clienta, no en su bolso
Si el bono está apuntado con la clienta que lo tiene, da igual quién la atienda o si trae la tarjeta: cuántas sesiones le quedan se mira en su ficha. Y la conversación del «yo creía que me quedaban dos» se acaba, porque las dos partes miran lo mismo.
Las citas aplazadas, con su propio estado
Una cita aplazada no es una cita cancelada: es una que hay que volver a dar. Si tiene su propio estado, al final de la semana se ve qué clientas se quedaron en el aire y se las puede llamar antes de que se vayan a otro sitio.
Recordar la cita el día antes
La mitad de los huecos de una agenda son olvidos. Un correo el día antes, con la hora, evita buena parte, y si la clienta no puede venir te lo dice con tiempo de dar el hueco a otra. En Prontara se enciende en Ajustes, y el correo sale con el nombre y la marca de tu salón.
El programa de Prontara para peluquerías y estética trae así cada cita, bono o tratamiento, con sus estados —presupuestado, reservada, en curso, aplazada, realizada, cobrada y cerrada—, la agenda del día con quién atiende cada cita, y el ticket de cada clienta.