Reformas: presupuesto, certificaciones y cobro de la obra
Una obra de reformas puede ir perdiendo dinero desde la segunda semana y no saberse hasta cerrarla. Casi nunca es por trabajar mal: es porque lo contratado, lo hecho y lo gastado no se miran juntos.
Antes de la obra: el presupuesto
La obra empieza en el presupuesto, y conviene que ese presupuesto viva en el mismo programa que la obra. Mientras el cliente decide, la obra está presupuestada; cuando dice que sí, pasa a adjudicada.
Durante la obra: partes y albaranes, cada uno a su obra
- Los partes de trabajo, con las horas de cada operario, imputados a la obra en la que se hicieron.
- Los albaranes del material, apuntados el día que llegan y no al final del mes.
- Los demás gastos de la obra, para que su margen sea el de verdad.
- Y el avance en porcentaje, al lado del estado: en curso, parada o terminada.
Así, lo ejecutado no está en la cabeza del encargado ni lo gastado en un montón de papeles: está en el programa mientras la obra está viva.
Certificar sin una tarde de hoja de cálculo
Certificar es decir cuánto de lo contratado está hecho y cobrarlo. Cuando cada certificación va por partida y genera su factura, la del mes deja de ser una tarde cruzando el presupuesto con los partes: se certifica lo ejecutado y la factura sale de ahí.
Después: facturada no es cerrada
Una obra terminada todavía no está facturada, y una facturada todavía no está cerrada. Llevar los tres estados separados es lo que permite ver, a final de mes, qué obras están hechas y sin facturar, que es dinero que ya has ganado y todavía no has pedido.
El programa de Prontara para reformas trae así cada obra, aviso o mantenimiento con sus estados, las certificaciones por partida con su factura, los partes por operario, los albaranes de tus proveedores y los gastos de cada obra. Los operarios apuntan sus partes desde el navegador del móvil.